El daño que pueden llegar a producir las palabras

El daño de las palabras

Una historia de amor que se volvió pesadilla

 
Soñaba con «un príncipe azul» y pronto encontré «mi media naranja». Decidimos embarcarnos en una nube y hacer un viaje juntos, donde los posibles infortunios serían «pruebas a superar para demostrar el amor que sentíamos el uno por el otro». En ese momento, perdí mi sombra para convertirme en la suya. Poco a poco, mis amigos se fueron quedando al margen de mi historia. Sabía que «con sus celos me demostraba todo lo que me amaba,» y eso me hacía feliz. Siempre estuvo pendiente de mí y de lo que hacía; «no cabían los secretos en la pareja,» pues su único objetivo era protegerme. «Con todo lo que hizo por mí,» me sentía en deuda y le convertí en el centro de mi universo. «Vivía exclusivamente por y para él». El daño de las palabras empezó a hacer mella en mi alma.

Cuando el amor se convierte en prisión

Nuestras diferencias se hacían cada vez más insalvables, pero «¿quién era yo para separar lo que Dios unió?» Así que luché incansablemente para evitar que el barco se hundiera. «Por amor haría cualquier cosa,» porque como dice la canción: «sin ti no soy nada.» Con el tiempo, aprendí a tolerar sus borracheras, pues así lo prometí: «en la salud y en la enfermedad.» Después de los insultos, desprecios y humillaciones, no tardaron en aparecer golpes y palizas, pero «el amor podía con todo,» así que preferí comprender, perdonar y ayudarle.

Nadie sabrá lo que viví, todo porque decidí callar por miedo a que pensaran que «estaba loca y era una exagerada.» El daño que causan las palabras y la sumisión era cada vez más evidente.

Ahora que me veo tumbada, teñida de rojo, con el alma vacía y el cuerpo destrozado, maldigo la frase: «hasta que la muerte nos separe,» pues sin apenas darme cuenta, ganó la batalla. El poder destructivo de las palabras se reveló tarde, cuando ya no había vuelta atrás.

Ya fuera de mi cuerpo, en esa película de nuestra vida que se nos proyecta poco antes de dar el paso a otra dimensión, me he dado cuenta de que esto no es lo normal y mucho menos es amor. Estos mensajes insidiosos nos han ido penetrando día a día con mucha sutileza, hasta el punto de no darnos cuenta de lo dañinos que pueden resultar, mermando nuestra persona y, por qué no, provocando incluso nuestra destrucción. Todo porque acabamos viéndolos «normales.»

No sé si en algún momento volveré de nuevo a esta dimensión, sino lo hago, al menos tú, mujer, que estás ahí, aprende a desarmar estas maniobras. Crea tu propia historia, de principio a fin; no la que la sociedad te ha escrito, una historia desfasada y dañina para los tiempos que corren. Vive una historia donde las naranjas sean enteras, donde muestres al mundo la luz que llevas dentro de ti, capaz de guiarte y protegerte. Vive una historia donde no sea la muerte la que nos separe, sino el desamor o la falta de respeto.

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